Hace varias décadas una pareja que dejaron de ser adultos contemporáneos hace muchos años lograron su sueño. Tener un hogar en una de las zonas más cotizadas, nuevas y centrales de la ciudad. Al menos, así era Los Caobos en ese entonces. Su encanto se debía en gran parte por la colección de árboles centenarios en el parque enormemente visitados por deportistas, donde los profesores llevaban a sus alumnos para leer “Memorias de Mamá Blanca “cerca de la estatua de su escritora, donde los escritores de origen español pasaban horas en búsqueda de inspiración o recordando nostálgicamente los jardines del Retiro.
Ahora los viejos se sientan en su balcón todas las mañanas, caminar por el deseo de pasear dejo de ser una opción. La visita a través de los años se ha reducido por el temor, por las noticias de 30 asaltos a la semana en su querida parroquia. Pero, mientras la señora mueve a un ritmo constante su abanico y el viejo fuma su pipa, sin intercambiar ninguno de los dos alguna palabra, dirigen su mirada hacia abajo por un momento y ven una multitud marchar con banderas blancas. En este nuevo siglo, los viejos comparten una nuevo sueño y lo que presencian nunca dejará de ser motivo de esperanza para ellos.
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